Desde el día en que te fuiste,
nada volvió a ser igual.
Han pasado ya varios años
desde aquel primer encuentro,
y aún así, a pesar de tu partida
sin adiós ni despedida,
me dejaste creyendo
que te quedarías,
que todo seguiría su curso.
Pero el año comenzó
y ya no estabas.
Fuiste apenas
una sombra menos en la luz.
Solo espero que,
en esta ciudad que no se detiene,
en esta vía expresa
de pasos y motores,
puedas estar…
Que tal vez,
en alguno de esos autos
que he visto pasar fugazmente,
hayas sido tú,
mirando por la ventana,
sin saber que te buscaba.
Esto es solo una idea que tengo en mente, basada en una experiencia personal que duró varios años. A veces las personas se van sin decir adiós, y eso deja muchas cosas sin cerrar. Con el tiempo, uno no necesariamente deja de querer a esa persona, sino que simplemente aprende a vivir con esa ausencia. Es algo que se arrastra, aunque se intente seguir adelante.
Dicen que hay que olvidar, pero en la práctica eso no es tan fácil. Hay recuerdos que se quedan grabados, momentos que vuelven sin querer, y preguntas que nunca obtuvieron respuesta. Sin embargo, la vida sigue y uno tiene que adaptarse, continuar con lo que toca, aunque por dentro haya algo que no está del todo resuelto.
Este blog nace como una forma de procesar esa vivencia. Escribir ayuda a ordenar lo que a veces no se puede decir en voz alta. No es un intento de dramatizar, sino de reconocer lo que fue real: que alguien importante se fue y eso dejó una marca. Aunque el tiempo pase, algunas personas siguen teniendo un lugar en nuestra memoria, y está bien que así sea.
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